Aquí tenéis la información de estas tres pequeñas publicaciones mías, que no son filosofía, ni poesía. Digamos que son escritos:


(2007)

Experiencias de vida. John David Barrientos.


En mi experiencia se expresa la experiencia de mundo. Por eso cabe, a cada quien, abrirse a ese ver. Este es el primer paso para fijar esa mirada que nos permite reconocer la propia voz, siempre inesperada en su verdad y sencillez. 

Las experiencias de este libro aparecen como ensayos cortos, en su primer capítulo, con experiencias pensadas según el carácter común que estas tienen en la vida de cualquier persona: las creencias, el ansia, el temor, el diálogo, la muerte, el ocio, la incomprensión, la paz. En el segundo capítulo comparto experiencias personales, según las viví, en Madrid, Medellín, Lisboa, o Tokio, contando con algunas expresiones poéticas.



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(2009)

Rostro en tierra.John David Barrientos.


Se trata de un rostro en tierra que ahora vive, sufre, ama, se enfada, lucha y quizá se halla desolado, desposeído, abandonado, acusado, asechado por la desesperación… 

Nunca cabría ante los otros, en ningún sentido, una negación que atreva un mal posible. Por el contrario cada rostro en tierra invoca que todo de mí sea un posible no mal. Esto me revela a su vez la situación deudora de mi acción patentizada como un requerimieto. De ahí que a precio de mi justicia y totalización del otro no quepa el juicio que ultima: matar. 

Así el rostro en tierra es una llamada continua de la manifestación de los otros y, en nuestro caso, una determinación propia ante la barbarie. 

(2012)

Inter. John David Barrientos.


Esta publicación es principalmente un modo de expresión particular por el que extiendo en palabras ese vivir inter, entre, en mi propia vida: entre, o casi antes, lo por-vernir y lo que no vendrá del modo esperado, entre la finitud y ese estar halado en el ansia. Esto siempre a mi vez y a la vez de los otros en esa Difícil libertad, como la llamará Levinas. 

Se trata del decir de este intermedio —Leído así por García-Baró en Sócrates, y en otros más—, de cada uno de nosotros, singularmente siempre inquietos. Siempre hallándonos, o en intentos de enajenación de sí, en el tiempo propio, en el espacio-lugar, en el día a día, en la enfermedad, pesando los bienes, la muerte, el amor, el eros, la familia, todo ello de cara a una declarada exigencia de bien.


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